OSSILEGIUM:

LOS OSARIOS DEL MARQUES DON FRANCISCO PIZARRO


Por el Dr. Hugo Ludeña


RESUMEN


Las investigaciones científicas sobre los restos del conquistador Don Francisco Pizarro realizadas entre 1977 y 1984 revelaron que los huesos del marqués fueron enterrados y re-enterrados varias veces en la Catedral Metropolitana de Lima. Sin decirlo, y tal vez sin saberlo, los deudos de Pizarro, estaban cumpliendo con una vieja costumbre funeraria de origen hebreo, denominada “Ossilegium”. Desde tiempo inmemorial, la península ibérica fue  un territorio que sirvió de refugio a las comunidades judías que huían de las persecuciones de los pueblos que las oprimían. Según las más antiguas tradiciones españolas, Iberia se identifica con la bíblica Sefarad. Sefardíes o sefarditas eran llamados los judíos que habitaron la península.


ANTECEDENTES


En enero de 1985 se produjeron varios hechos de singular importancia en el Perú, cuando se celebraba el 450 aniversario de la fundación de la ciudad de Lima. En diciembre de 1984 una comisión de científicos peruanos y extranjeros concluyó las investigaciones en la catedral en torno de los restos de Don Francisco Pizarro, determinando que el cuerpo momificado exhibido allí desde 1891 no tenía ninguna herida que le hubiera causado la muerte  y que “la tradición de la momia de Pizarro” era “una patraña”, como lo había calificado anteriormente el historiador R. P. Rubén Vargas Ugarte.


Los resultados de las investigaciones de Arqueología-Histórica y de Antropología Forense de los restos auténticos de Pizarro, fueron entregados a las autoridades del Venerable Cabildo Metropolitano, del Instituto Nacional de Cultura y de la Municipalidad de Lima.  Después de ser aprobados los resultados del “Proyecto Pizarro” por el Cabildo Metropolitano, a fines de 1984, las autoridades de la Iglesia determinaron colocar los restos de Pizarro en su capilla, por corresponderle, y el cuerpo momificado que se exhibía en la catedral desde 1891 fue devuelto a la cripta, de donde procedía.


El 18 de enero de 1985 el Cardenal Juan Landázuri Ricketts celebró una solemne misa en la Catedral, con la presencia de las autoridades civiles, religiosas, políticas diplomáticas y militares del Perú y España acreditados en el país. Despues todos cruzaron la Plaza Mayor  y se dirigieron hacia la estatua ecuestre del conquistador donde colocaron ofrendas florales, rindiéndole público homenaje.



Foto 1985 - Catedral de Lima.


OSSILEGIUM

Ossilegium era un ancestral ritual funerario hebreo que se hacía un año después de la muerte de un individuo.


Se trataba de un acto de re-enterramiento, en el que los huesos eran extraídos de su tumba para ser colocados en un osario, el cual después sería trasladado a su lugar definitivo de enterramiento. Tenía que ver con la creencia de la existencia de otra vida después de la muerte, por lo cual los restos óseos tenían que ser conservados debidamente purificados. Se trataba de una costumbre anterior a la era cristiana, que recogió las antiguas creencias religiosas sobre la resurrección cuyas referencias tempranas conservaban las tradiciones funerarias de Egipto y Mesopotamia.


Los deudos debían primero preparar a los muertos siguiendo sucesivos rituales de purificación, consistentes primero en lavar el cuerpo con  óleos y líquidos aromáticos, y segundo, en vestirlo de acuerdo a sus tradiciones. Durante un año, el cuerpo se purificaba al  consumirse la carne, con lo cual todo el mal que había vivido dentro del individuo desaparecería por acción de las bacterias, la humedad  y las eternas fuerzas de la naturaleza: del aire, la tierra, y en algunos casos, del fuego.


Durante el ritual del Ossilegium, después de un año, los restos debían ser colocados en un osario, que era una caja fabricada especialmente para depositar los huesos. Los osarios podían ser de madera, metal o de piedra, y según la importancia del personaje podrían tener alguna ornamentación y el nombre o alguna señal que los identifique. Existen osarios de numerosas culturas y  épocas conservados en cementerios, iglesias y museos y su estudio ha permitido a los arqueólogos conocer mejor las costumbres funerarias de los pueblos en la antigüedad.


Con el tiempo, debido a las migraciones y fusiones culturales, el significado de algunas costumbres funerarias se ha perdido, aunque, por tratarse de un ritual íntimo conservado con mucha fuerza  por las familias durante generaciones, en la actualidad todavía se puede reconocer la supervivencia de algunas costumbres que se habían perdido  en el tiempo, y que la arqueología nos permite identificar.


LOS OSARIOS MODERNOS DE PIZARRO


En 1984 concluyeron las investigaciones científicas  sobre los restos de Don Francisco Pizarro y en 1985 sus restos fueron depositados por una comisión de canónigos del Cabildo Metropolitano en la Capilla de los Reyes.  Los huesos de Pizarro fueron colocados en un osario de madera antigua donado por don Juan Luis de Aliaga, un descendiente de don Gerónimo de Aliaga,  quien fuera uno de los conquistadores que llegó al Perú con las huestes de Pizarro. Los descendientes de la familia limeña de Aliaga demostraron la continuidad de su solidaridad con Pizarro después de 450 años. Los restos del conquistador, su cráneo,  los fragmentos de su espada y de los correajes del siglo XVI fueron colocados dentro del osario de madera y a un costado se colocó el osario de plomo donde había estado depositado el cráneo, y finalmente, fueron puestos en el mausoleo de mármol en la Capilla de Pizarro.


La inscripción que tenía el mausoleo de Pizarro fue cambiada por una nueva,  en la cual se indicaba la fecha del nacimiento y de la muerte de Pizarro, de acuerdo a la información que le dio a los canónigos el historiador, José Antonio del Busto Duthurburu. El 18 de enero de 1985, concluida la Misa Te Deum en la catedral, el cardenal Juan Landázuri Ricketts, después de muchos años,   echó incienso ante la tumba de Pizarro. No lo hacía antes porque no había la seguridad que el cuerpo momificado exhibido allí desde 1891 fueran los restos del fundador de la ciudad.


Durante varios años a partir de 1985, los expertos recomendaron que se realicen trabajos de conservación del osario de plomo de Pizarro, debido a la humedad de Lima, y que  era conveniente que sea conservado en una caja de acrílico al vacío, y que en lugar del aire, fuera llenada de nitrógeno, por ser un gas inerte.


A principios del año 2006 las autoridades de la catedral decidieron que se debía hacer la conservación y consolidación del osario de plomo y ordenaron que sea extraído del mausoleo de Pizarro. Un grupo de obreros se encargaron de retirar el león de bronce que cubre la tapa de mármol, abrieron el sepulcro y retiraron el osario de plomo. El osario estaba deteriorado por el tiempo y presentaba agujeros, calcificaciones y óxidos y necesitaba ser consolidado y estabilizado. En la actualidad, el osario de plomo de Pizarro se conserva en una caja especial de acrílico y se exhibe en la capilla de Pizarro como un atractivo más para los visitantes.


LOS ANTIGUOS OSARIOS DE PIZARRO


Don Francisco Pizarro fue asesinado al mediodía del domingo 26 de junio de 1541 en la casa de gobierno en Lima,  por sus enemigos de la facción de los Almagristas poco despues de la misa dominical. Un grupo de hombres armados con espadas, ballestas, lanzas, partesanas, arcabuces, adargas,  escudos,  corazas y coracinas, ingresó violentamente a su casa ubicada en la Plaza Mayor, después de herir a unos y matar  a los hombres de la guardia y a todos los que se les cruzaban en el interior del inmueble. Mientras tanto, varios hombres de a caballo amedrentaban en la plaza a los vecinos y el populacho comenzaba el saqueo de las casas de los principales autoridades Pizarristas.


Momentos después, los Almagristas salieron de la casa de Pizarro  a  la plaza con las espadas ensangrentadas gritando: ¡Viva el rey mueran los tiranos! comenzando su breve gobierno del terror. Mientras los deudos de Pizarro lloraban sobre su cadáver, un grupo de Almagristas subió al cuarto, les arrebataron el cuerpo de Pizarro y lo trasladaron con unos esclavos negros  a la plaza en una manta de color rojo. El cadáver fue llevado entre los gritos e insultos de la turba y fue puesto al pie de la picota donde permaneció durante varias horas, víctima de las peores vejaciones.


Por pudor o por evitar comentarios, los cronistas e historiadores no han abundado en narrar lo sucedido en la Plaza Mayor de Lima el día que asesinaron a Pizarro. Sin embargo hay documentación histórica que induce a pensar que Pizarro fue degollado y que fue puesto en la picota.


Así lo indica una probanza  hecha ante escribano público por uno de los testigos de los acontecimientos del Lima del 26 de junio de 1541, y que huyó a refugiarse en el Cusco para que no lo maten. Esta probanza existe en el Archivo General de Indias registrada en la sección Patronato 185 Ramo 33. y al respecto, este autor publicó en 1991 un artículo al respecto. (Ludeña: 1991) Aunque los historiadores no le han dado mayor importancia,  habría que tener en cuenta lo que afirmó el testigo Alvaro Caballero, quien fue requerido para declarar en el Cusco ante un escribano, el 29 de septiembre de 1541.


El declaró que, el 26 de junio de 1541:


“…era pública voz y fama que habían muerto al dicho Marqués, Jerónimo de Almagro con el pasador de la ballesta, Martín de Bilbao con una estocada en la garganta, y Juan Rodríguez Barragán con una cuchillada que lo degolló. Que Arbolancha y los demás mataron a los dichos Francisco de Chávez y a Francisco Martín (de Alcántara) a Escandona, a Mendo, Juan de Vargas, Gaytán a un negro y a Cárdenas, y que hecho lo que ha dicho, se fue a su posada y desensilló su caballo”.


La noticia de lo sucedido en Lima se difundió por todo el continente, y algunos hombres llegaron hasta Quito, donde estaba el nuevo gobernador, el Licenciado Cristóbal Vaca de Castro, quien todavía no se animaba a trasladarse al Perú hasta no estar seguro de la situación de los sublevados. Después de reunir información, desde Quito le escribió al Emperador el  15 de noviembre y le dijo:


“Según he sabido por cartas de personas que estaban en compañía y conformidad con aquella gente, y de algunos que aquí han venido,  y por otras vías,  el matar del Marqués estaba acordado entre ellos días há.  Ansí ha mucho tiempo que ellos compraban armas y han allegado a sí la gente que han podido, aunque esperaban que viniese juez, y si no quitase la gobernación al Marqués y le degollase, matar a los dos, y así lo tenían acordado de hacerlo conmigo.”


El testigo Alvaro Caballero fue el primero en afirmar que Gerónimo de Almagro  fue quien hirió a Pizarro con el pasador, o dardo de una ballesta. Eso significa que le fue disparada de cierta distancia, al no poder acerarse para herirlo con sus espadas.


Vaca de Castro confirma lo anterior en su carta al Emperador y dice:


“…los mataron y después al Marqués con el pasador  que le dieron en los pechos” confirmando que antes de recibir la estocada en la garganta, fue herido en el pecho con una ballesta.


En la misma carta Vaca de Castro afirma que:


“…echaron al Marqués y a su hermano cabe la picota  como a dos hombres comunes y malhechores, y allí estuvieron hasta la tarde que un Barbarán los echó en una sepultura entrambos. Saquearon la casa del Marqués y le tomaron todo el oro,  plata y hacienda que tenía, y pasóse a vivir a sus casas  el Don Diego.”


Esta información es muy importante porque indica oficialmente que el cuerpo de Pizarro estuvo al pie de la picota, o por qué no decirlo, en la picota. Poner en la picota a los vencidos era una práctica reconocida en el siglo XVI, y cortarles la cabeza era común y corriente. Los malhechores y gente del común eran colgados o agarrotados, mientras que los caballeros y nobles tenían y exigían el derecho de que les corten  la cabeza. Ese era su privilegio ante la muerte.

Todos los cronistas tempranos, incluidos los más confiables, coinciden en  afirmar que esa fue la intención de los Almagristas, aunque algunos afirman que no lo hicieron debido a los ruegos de algunos amigos de Pizarro. Sin embargo, nada  se lo impedía a la turba desenfrenada, dedicada al saqueo y desorden,  saciando su sed de venganza sin límites.


El historiador Raúl Porras Barrenechea, lo confirma cuando al referirse a esos momentos  escribió:


“Barbarán y la pobre y desolada Inés Muñoz colocaron el cuerpo del Marqués  en un repostero  y así lo sacaron unos negros a la plaza mayor. La turba vociferaba al paso y el grupo de mujeres compungidas  iba detrás del cuerpo del marqués  y el de su hermano. En el tránsito doloroso  unos soldados  pretendieron ultrajar  el cadáver del Gobernador,  pero  doña Inés Muñoz,  como una leona herida, les enrostró su cobardía y los apostrofó de traidores.  Barbarán se interpuso, y en medio del silencio de algunos y de la feroz alegría de otros, el cortejo entró en la Iglesia Mayor  donde doña Inés Muñoz se arrodilló para besar las sienes ensangrentadas  del Marqués y contemplar su rostro venerado, con inmensa tristeza.” Al lado del grupo melancólico, unos vizcaínos enardecidos gritaban:


-“Ya la tierra está en poder de los montañeses.


Una mujer grosera y desenfadada, llamada La Mendieta,  amiga del factor Mercado,  cómplice de los Almagristas,  daba rienda suelta a su alegría y decía:


-“Este es nuestro día. Agora seremos señoras. Que este marqués era un maldito y todo lo quería para sí...”

La chusma aplaudía y reía  y la mujer seguía murmurando injurias y procacidades. (Porras: 1978, 606-607.)


El 20 de junio de 1543, un año y siete meses después de la muerte de Pizarro, después que los Almagristas fueron vencidos en la Guerra de Chupas y el nuevo Gobernador Vaca de Castro procesaba judicialmente a los que asesinaron a Pizarro, los miembros del Cabildo del Cusco escribieron una carta al emperador narrándole los acontecimientos del 26 de junio de 1541.


Esa carta repite los hechos que ya conocemos, pero también contiene algunos detalles  que otras fuentes no mencionaron. Se indica que el Marqués  Pizarro y su hermano Martín de Alcántara se defendieron con mucho valor y al no poder vencerlos, los Almagristas “…les tiraban saetas y arcabuces”.


Se afirma también que el cuerpo de Pizarro fue motivo de múltiples agravios, aunque no se especifica de qué forma:


“… haziendo de la persona del marqués, después de muerto,  por le deshonrar y escarnecer,  muchas cosas de ignominia y vituperio que, porque V.M. doliéndose de él no reciba pena,  dejamos de decirlo. Y habiendo ejecutado su dañado propósito,  y habiéndose bañado en  inocente sangre del sin ventura del Marqués,  salieron por la plaza adelante, invocando el nombre de don Diego de Almagro…” (Carta del Cabildo del Cusco al Emperador.  23-01-1543)


Todo indica que  la intención de los Almagristas fue cortar la cabeza de Pizarro y ponerla en la picota. Los documentos históricos insinúan que hicieron ambas cosas, aunque los historiadores que escribieron después, omitieron pronunciarse al respecto.


Este autor considera que si cortaron la cabeza de Pizarro, no solo porque posteriormente fue encontrada, separada del cuerpo en un osario de plomo. Las marcas de los cortes que presentan las espinas de  dos vértebras cervicales de Pizarro, muestran claramente que  el cuello fue cortado. Además, falta la séptima vértebra cervical, la cual no fue encontrada en su osario.


LA EXHUMACION  DE LOS RESTOS DE PIZARRO DE 1544


En enero de 1544 el Perú ya estaba pacificado y los deudos de Pizarro solicitaron a las autoridades que se efectúe la exhumación de sus restos para depositarlos en el interior de la catedral, lo cual se realizó el 21 de enero del mismo año. Fueron citados como testigos  varias personas que estuvieron presentes el día del entierro, quienes  después de identificar el lugar de la tumba, desenterraron sus restos y los pusieron en un osario de madera. Según el acta de 1544 fueron puestos:


“… en una caxa de madera  cubierta con un paño negro, y encima della una cruz colorada del hábito del Señor Santiago”.


Después de trasladar el osario de madera a la Capilla Mayor y de haber oído la Misa, don Francisco de Ampuero dijo:


“…que en la sepultura donde agora se pone lo depositaba e depositó, en el entretanto que así como  está dicho,  se haze la Iglesia Mayor principal desta civdad para que en la capilla principal della en el lugar quel dicho señor Marqués en su testamento  y postrimera voluntad  tiene mandado que se sepulte su cuerpo.”


Así quedaron los restos de Pizarro en depósito en el Altar Mayor  de la primera  catedral.


El 17 de marzo de 1551, doña Francisca Pizarro Yupanqui, hija del Marqués y de doña Inés Huaylas,  dispuso en su testamento antes de viajar a España, un donativo de 5,000 pesos de oro para construir en la iglesia catedral, una capilla donde deberían descansar   los restos de su padre que por aquel entonces estaban “… en  el nicho del costado del Evangelio  de la Capilla Mayor  de la dicha Iglesia Matriz Nueva, bajo dosel del paño negro de los Pizarro”.


El osario de Pizarro permaneció en ese lugar en 1560 donde los vio el Inca Garcilaso de la Vega:


“…muchos años después de sosegadas las guerras que en aquel reino hubo, sacaron de la sepultura los huesos  de este valeroso caballero, y por honrarle como el merecía, los pusieron en una caja, en un hueco que hicieron en el hastial  de la iglesia catedral  de aquella ciudad, a mano derecha del Altar Mayor,  donde yo lo dejé en el año de mil y quinientos sesenta, cuando vine a España.”


Cuarenta y seis años después, el 1° de julio de 1606 el Alcalde  Diego de Portugal propuso al Cabildo de la ciudad que se solicite a la Real Audiencia que los restos del Marqués se trasladen a la Iglesia Nueva y se coloquen en sitio correspondiente a sus merecimientos, en lo cual todos  estuvieron de acuerdo.


El 13 de febrero de 1607 el rey comunicó a la Audiencia Gobernadora, donde ubicar los huesos de Pizarro y del Virrey Mendoza en la capilla mayor de la iglesia nueva.


En 1610, el Sacristán Mayor de la  catedral de Lima,  don Domingo de Ortega, recibió la orden de que los huesos de Pizarro  que estaban depositados en la Capilla de la Concepción se pasen en una caja  al lugar donde había otra con los huesos del Virrey don Antonio de Mendoza, hasta que se acabe la construcción de la iglesia catedral. Concluidas las obras, los dos osarios se pondrían, “…en la grada donde estuviera el Altar Mayor,  como Su Majestad manda.”


El 16 de agosto de ese año se “…proveyó  traiga el Dr.  Arias de  Ugarte este memorial y la caxa  de los huesos del señor Virrey  Don Antonio de Mendoza que está en el pilar del lado  del Evangelio  donde al presente están los del señor virrey  Don Francisco Pizarro, y se pongan en una caxa en el pilar de la Epístola…”


En cumplimiento de lo dispuesto por el Marqués de Montesclaros el 2 de Septiembre:


“… se pusieron en una caxa de madera forrada de terciopelo negro, y en ella puesto un hábito de la Orden del Señor Santiago a la parte de afuera, y en la dicha forma se llevó la caxa a la sacristía del altar mayor para ponerlo en el pilar izquierdo de la dicha Sacristía, como por el dicho decreto está mandado, la cual se puso  en el dicho lugar sobre dos canes de madero que el uno  va a la pared, y el otro sale de la dicha pared, y para que en todo tiempo conste  de lo susodicho el dicho señor oidor mandó que un traslado deste auto se ponga dentro de la dicha caxa  autorizado y signado por mí el presente escribano y firmado de su merced  y del dicho doctor Juan de la Roca y todos los que fueron presentes, por tanto el bachiller Diego de Ampuero capellán del dicho Marqués visorrey y el licenciado Domingo de Ortega sacristán mayor de la dicha iglesia y el bachiller Diego Gonzáles Zamora presbítero y  otras muchas personas  e yo que dello doy fe. Joan Ramírez escribano de su majestad”.  (Boletín de Lima: 1999)


Trece años después, en abril de 1623 el bachiller don Diego de Ampuero y Barba, capellán de la capellanía de Pizarro y sobrino de doña Francisca presentó un recurso para que "los huesos de dicho marqués se pongan en lugar competente en la dicha iglesia nueva.”


El recurso del bachiller Ampuero ilustra claramente como estuvieran los restos de Pizarro anteriormente, estableciendo lo siguiente:


1.Que primero estuvieron en el hueco de la pared de la Capilla Mayor de la Iglesia Vieja, al lado del Evangelio.


  1. 2.Sobre dicho hueco estaba un dosel de terciopelo negro con sus armas y un hábito de Santiago.


  1. 3.La Capilla se hizo por orden y mandato de doña Francisca Pizarro a su costa, por mano de don Antonio de Rivera su tutor y curador.


  1. 4.Cuando se mudó la iglesia vieja a la nueva “que ahora está hecha de bóveda", un real acuerdo mandó trasladar el cuerpo a la Capilla de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de la Iglesia Nueva.


  1. 5.Después se mandó quitar de allí y poner en la sacristía de la dicha iglesia.


6.Y hasta ahora no se le ha señalado sitio ni capilla ni lugar donde poner sus huesos.


El Bachiller Ampuero reclamaba para que los huesos de Pizarro fuesen puestos en un lugar eminente, por merecerlo, y donde se pudieran decir misas por su alma, y pidió que el secretario del cabildo secular le diese testimonio de los acuerdos de la corporación con motivo del traslado de sus restos. En efecto, Alonso de Carrión, escribano de Cámara y Cabildo le dio constancia de lo que se había resuelto el 3 de julio de 1606.


Entre 1628 y 1629 el padre Cobo en su "Historia de Lima" dice con relación a Pizarro: "…su cuerpo está sepultado en la iglesia catedral de esta ciudad, en la Capilla Mayor". El traslado a la cripta  debió realizarse entre 1623 y 1628 o 1629.


EL OSARIO DE  PLOMO Y EL ACTA DE 1661


La casualidad quiso que en 1661 una comisión de jueces que veía la causa de la Beatificación de don Toribio Alfonso de Mogrovejo verificase la existencia de los osarios de Pizarro en el nicho central de la cripta, debajo del Altar Mayor. El 17 de enero  de 1661 los jueces apostólicos de la causa de la beatificación y canonización bajo la presidencia del arzobispo Vi11agómez se reunieron en la capilla del Colegio Seminario para acordar la forma, fecha y hora de la visita al sepulcro y hacer memoria de las circunstancias y forma de dicha sepultura, fijando la hora a 2 pm del martes 18.


En vista de que ese día no aparecían las llaves para abrir el ataúd de don Toribio, mandaron llamar  a un cerrajero y a un notario. Un carpintero desclavó  dos de las tablas viéndose en la parte de adentro cuatro compartimientos divididos, por tres tablones y en ellos había lo siguiente:

- Dos cajas

- Dos ataúdes

- Una caja pequeña

Los testigos dijeron que el ataúd de terciopelo morado era del arzobispo don Gonzalo de Campo y el ataúd forrado de terciopelo carmesí de doña Grimanesa Mogrovejo, hermana de don Toribio.

Una de las cajas, que estaba cubierta de terciopelo morado, se halló abierta y dentro de ella una caja pequeña de plomo con una calavera dentro y una inscripción sobre la cubierta que decía:


"AQVI ESTA LA CABECA DEL SEÑOR MARQVES

DON FRANSISCO PICARO QVE DESCVBRIO Y GANO

LOS REYNOS DEL PIRV Y PVSO EN LA

REAL CORONA DE CASTILLA”.


En otra de las cajas que estaba abierta y sin forro se vieron algunas calaveras "…sin rótulo alguno ni señales que diesen noticias de cuyas son" y en la caja pequeña, que estaba cubierta de terciopelo carmesí, tachonada con tachuelas  doradas y guarnecida con pasamanos de oro, y sobre la tapa dorada de ella formada una mitra episcopal, formada de las dichas tachuelas y pasamanos de oro, la cual estaba cerrada con una cerradura dorada.


Era  el osario que contenía los restos de don Toribio Alfonso de Mogrovejo y como ese era el objeto de su diligencia continuaron con su tarea, asentaron un acta y volvieron a cerrar la cripta, sin darle mayor importancia a los restos de Pizarro. Sin embargo, sin quererlo,  quedó registrada la existencia del osario de  madera con sus huesos y de otro pequeño osario de plomo que contenía la cabeza de Pizarro.


EL DESCUBRIMIENTO DE LOS OSARIOS DE PIZARRO EN 1977


Durante 316 años no se tuvo noticias sobre los osarios de Pizarro hasta que  en el mes de junio de 1977 se realizó la remodelación de la Cripta de la Catedral de Lima por encargo del Venerable Cabildo Metropolitano. Los hombres que estaban a cargo de los trabajos encontraron casualmente el día sábado 18 una caja u osario de plomo detrás de una pared que tapiaba el nicho principal de la cripta. En la tapa tenía la siguiente inscripción:


"AQUI ESTA LA CABECA DEL SEÑOR MARQUES

DON FRANSISCO PICARO QUE DESCUBRIO Y

GANO LOS REYNOS DEL PIRV Y PUSO

EN LA REAL CORONA DE CASTILLA".


El hallazgo lo realizaron los 4 obreros encargados de la obra quienes por desconocimiento de la importancia del descubrimiento continuaron realizando sus labores, alterando el contexto y las asociaciones del lugar, de tal manera que, el mismo día, todos los objetos   asociados fueron retirados a un lado para continuar resanando la pared, concluyendo su labor a las tres de la tarde. El lunes 20 de junio, se procedió a reconstruir el contexto y al estudio arqueológico de los materiales encontrados.


DESCRIPCIÓN DE LOS OSARIOS


En el segundo nivel  de la Cripta Mayor había dos cajas de madera. Una contenía varios esqueletos mezclados, y la otra, que era de menor tamaño, contenía la caja de plomo con un cráneo adentro.


La Caja A:

Es una caja de madera, desarmada, forrada con terciopelo negro. Presenta una pequeña abertura que corresponde a la cerradura metálica que debió tener originalmente. En la parte delantera, al costado derecho de la cerradura, tuvo una cruz de Santiago de paño o tela clavada con clavos de cabeza ancha, los cuales todavía están en su lugar. La cruz se ha destruido pero quedó su impronta con la cual ha sido posible reconstruir la forma original.


Esta caja coincide con la descripción de la caja en la cual se colocaron los huesos del marqués don Francisco Pizarro en 1544 después de su primera exhumación.  Sin embargo, también existe un acta fechada el 6 de agosto de  1610, que se refiere al traslado de los huesos de Pizarro  de la Capilla de Nuestra Señora de la Concepción:

“…y habiendo  hecho abrir la dicha tumba  se sacaron los dichos guesos por mano del padre Julepe  de Baeza previsto, y se pusieron  en una caxa de madera aforrada de  terciopelo negro  y en ella puesto un hábito de la orden  del Señor Santiago en la parte de afuera y en la dicha forma se llevó la caxa a la sacristía del Altar Mayor  para ponerla en el pilar izquierdo de dicha sacristía como por el dicho decreto está mandado, la cual se puso en el dicho lugar…”


Se podrá determinar igualmente la fecha en que fue descerrajada ya que en 1623 el Alcalde informaba que la llave de la caja se había perdido y nadie daba razón de ella. Esto significa que en ese año la caja con todos sus huesos estuvo cerrada.


La Caja B:

Es una caja de madera pintada de verde claro y de menor tamaño. El interior es de color rojizo, tanto la superficie exterior como interior tuvieron sobre la madera una base de yeso y sobre la base se aplicó la pintura de color. La caja mide 0.35 cm. de altura, 0.43 cm. de largo y 0.31 cm. de ancho, tiene una tapa que originalmente contaba con dos armellas a modo de bisagras y la perforación para una cerradura de fierro. En el interior de la caja había huesos humanos y una caja de plomo con un cráneo adentro. El color de la pintura se ha perdido en algunos espacios y la tapa está suelta debido  a  que las armellas se han destruido por el óxido.


La Caja C:

Es una caja u osario de plomo de forma rectangular cúbica, de 22.5 cm.  de largo;  24.8 cms de alto y 19.6 cms. de ancho. La tapa es ligeramente más ancha y tiene en la superficie una inscripción que dice:


“AQVI ESTA LA CABECA DEL SEÑOR MARQVES

DON FRANCISCO PICARO QVE DESCVBRIO Y

GANO LOS REYNOS DEL PIRV Y PVSO EN

LA REAL CORONA DE CASTILLA”.


Las letras presentan huellas del mecido hecho con un instrumento, usando la técnica del burilado. Las inscripciones están enmarcadas por líneas incisas delgadas de 1mm. De ancho y al parecer los cinco  párrafos iban a ser inscritos sucesivamente uno debajo de otro en el plan original de la inscripción. Al iniciarse el grabado del segundo renglón se cambió de opinión y el artesano marcaba la palabra MARQV... para continuar en un nuevo trazo paralelo a los bordes de la caja. Sin embargo, en vista de que faltó espacio, las palabras “Real Corona de Castilla” tuvieron que inscribirse en una línea adicional.


Al centro de la tapa del osario de plomo quedó un espacio libre donde se dibujó al compás  una estrella de 6 puntas dentro de 4 círculos concéntricos. No sabemos si se trata de un detalle decorativo o si tiene algún significado en la simbología de la época. En su interior se encontró un cráneo con mandíbula y la empuñadura de una espada.


EL CRÁNEO EN LA CAJA U OSARIO DE PLOMO


La existencia del cráneo de Pizarro está certificada por la inscripción que existe en la tapa y su verificación más antigua fue hecha en 1661 conforme consta en el acta de la época. Una prueba moderna de esa asociación de contexto la ofrecen las radiografías que muestran adherencias de plomo en el exterior del cráneo y reacciones cálcicas en las paredes interiores de la caja de plomo, exactamente en los puntos en que estuvieron en contacto con el cráneo.


El cráneo presenta numerosos cortes y fracturas producidas por instrumentos cortantes y penetrantes de acero que coinciden perfectamente con las armas usadas en la época; espadas, lanzas, partesanas, etc. En la base del cráneo hay profundos cortes que lo atravesaron, producidos por espadas o lanzas, que podrían indicar  que fue separado del cuerpo y puesto en lanzas o picas.


No sabemos cuándo fue puesto el cráneo en el osario de plomo, aunque hay algunos indicios que indican que el Alcalde Diego de Portugal podría haberlo mandado a confeccionar en el año de 1606. En un acta del cabildo de la ciudad de ese año, consta que él ordenó hacer una caja de hojalata para conservar la espada de Pizarro y las espuelas en el local del cabildo. Las palabras del Alcalde constan en el acta  y sus términos son muy parecidos a la inscripción del osario de plomo.


EL DISEÑO DEL OSARIO DE PLOMO DE PIZARRO


En septiembre del año 2005 escribí una nota para la Revista del Colegio  Profesional  de Arqueólogos sobre el diseño que aparece en la tapa del osario de plomo de Pizarro. El artículo no apareció  porque la indicada revista no se publicó. Sin embargo vale la pena transcribir lo que decía al respecto en esa oportunidad:


“El diseño inscrito en la tapa de la cajita de plomo donde estaba la cabeza de Pizarro siempre ha llamado la atención, porque en su lugar se hubiera esperado encontrar una cruz, por cuanto él era cristiano. Sin embargo, hasta la fecha nadie ha dado una explicación sobre el significado y el motivo por el cual se puso ese diseño y no otro, y hay quienes han considerado que solo se trata de un diseño decorativo. Pero no habría que descartar que en la antigüedad hubiera creencias, que subsisten hasta nuestros días, y que ese diseño tenga relación con alguna ceremonia o costumbre cuya memoria se ha perdido con el tiempo.


Los hombres del Siglo XVI eran muy religiosos, pero también  supersticiosos y creían en la astrología y en la magia. La inquisición perseguía severamente las manifestaciones de herejía y las prácticas mágicas pero en la vida cotidiana, las ceremonias secretas en todos los niveles de la sociedad eran práctica común.


Aunque las fuentes históricas no indican que la cabeza de Pizarro fuera cortada después de su asesinato, ese día los Almagristas  saquearon la ciudad, comenzando por la casa de Pizarro, de sus parientes y allegados y se apoderaron de los bienes de los vencidos, según consta en los procesos judiciales que después se siguieron contra los Almagristas. El cuerpo de Pizarro fue llevado al pie de la picota donde estuvo toda la tarde del domingo 26 de junio de 1541, hasta que, a ruego de sus deudos, el cuerpo les fue entregado para ser amortajado y enterrado. Todo indica que el cuerpo de Pizarro estuvo a merced de sus enemigos y en los documentos oficiales se evitó decir lo que pasó ese día en la Plaza Mayor de la ciudad. 


Si la costumbre de la época era cortar la cabeza del vencido, como sucedió anteriormente con Diego de Almagro después de la guerra de las Salinas en 1538 y con Almagro el Mozo después de la guerra de Chupas, habría que preguntarse, por qué los Almagristas no habrían cortado la cabeza de Pizarro. Las marcas de cortes que presentan las vértebras cervicales por el frente muestran claramente  la histórica estocada en la garganta que se menciona en los documentos. Pero los cortes que figuran en la apófisis espinosa son un claro indicio que la cabeza y el cuello fueron manipulados con violencia por un individuo que tuvo en la mano una espada, una lanza o un arma cortante y penetrante.


El hecho de que después  el cráneo fuera encontrado separado del cuerpo, dentro de la cajita de plomo, aumenta más la posibilidad de que la cabeza fuera cercenada poco después de la muerte de Pizarro. Si es que fue puesta en la picota, no lo sabemos.


El diseño de la tapa de la cajita de plomo es un exagrama, poderosa figura secreta denominada en inglés “the Lily design”, trazada con un compás, encerrada en varios círculos, enmarcados por una figura cuadrada. En las culturas orientales se trataría de una Mándala, un antiguo símbolo mágico protector  contra el mal.  El mismo símbolo era usado antiguamente por los campesinos en las puertas de sus casas o en la parte alta de sus  graneros, para protegerlos. También se le encuentra en algunas lápidas romanas como un símbolo protector y como diseño decorativo en los azulejos árabes. El diseño de la cajita de plomo sigue siendo un misterio y habrá que esperar a que algún  historiador del arte, le dedique algún tiempo a su estudio.”


Pero como nadie se interesó en ese tema, continué con mis investigaciones y he encontrado con sorpresa que el mismo símbolo aparece en numerosos osarios de piedra antiguos que se conservan en las colecciones del Museo del Estado de Israel, en Jerusalén. Quien ha publicado importantes estudios al respecto es el arqueólogo israelí L.Y Rahmani en un importante volumen dedicado a los osarios de piedra que se conservan en el Museo de Jerusalem (RHAMANI: 1994)


Después de haber revisado la obra de Rahmani y  los artículos de varios especialistas en  la Historia del Arte Hebreo, se puede llegar  a la conclusión que el diseño que aparece en la tapa del osario de plomo de Pizarro es el mismo que aparece en los osarios judíos del primer siglo de la era cristiana en Jerusalén.


RESULTA INDISPENSABLE ENTONCES HACERSE VARIAS PREGUNTAS.


1.- Los estudios de L.Y Rahmani sobre los osarios de Jerusalén;  la revisión del artículo de Bárbara Geller Nathanson sobre, “Decorated Jewish Ossuaries” de Pau Figueras; publicado en Journal of Oriental  Society: 106.4 (1986); y otros artículos sobre la continuidad del arte judío establecen que Ossilegium es un antiguo ritual funerario que estuvo vigente durante el Siglo I de la era cristiana, cuya  práctica por las comunidades judías continuó  durante los siglos posteriores.


2.- Al parecer, los judíos y conversos que se dispersaron por Europa en las diversas diásporas, continuaron secretamente con sus prácticas religiosas y funerarias durante varios siglos, por lo cual eran perseguidos por la Inquisición.


3.- Se sabe que a partir del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, numerosos judíos y conversos pasaron a América con identidades falsas y se presume que Cristóbal Colón y los principales personajes españoles que pasaron a poblar América eran conversos y descendientes de conversos de varias generaciones, pero que mantenían oculta su identidad religiosa para no perder su privilegios. La Inquisición descubrió  también en las órdenes religiosas, numerosas autoridades que eran descendientes de conversos, y algunos fueron acusados y condenados por ser “judaizantes” secretamente.


4.- Muchos “cristianos viejos” obtuvieron testimonios de “limpieza de sangre” para pasar a las Indias o América, para obtener cargos importantes  e ingresar a las Órdenes Religiosas y Militares, mediante testimonios falsos.


5.- Francisco Pizarro, fue debidamente investigado en España en 1529 antes de recibir el Hábito de los Caballeros de Santiago, demostrando su limpieza de sangre, y que no tenía antecesores judíos ni conversos.


6.- Resulta contradictorio que en su osario aparezca un símbolo idéntico al que figura en los osarios judíos, por lo cual habrá que preguntarse por qué sus deudos consintieron que ese símbolo fuera inscrito en lugar de la cruz cristiana, que sí figuraba en sus antiguos osarios de madera.


7.- En el reciente Seminario de Teología de Princeton titulado: “The third Princeton Symposium on Judaism and Christian Origins: Evaluating the Talpiot Tomb in context” in the University of Holy Land en Jerusalén realizado entre el 13 y el 16 de enero de 2008 por el Dr. James Charlesworth, destacados académicos y científicos han vuelto a discutir sobre la importancia de las tumbas de Talpiot y del “Osario de Santiago”  y sobre la posibilidad de que se hubiera descubierto en Jerusalén los osarios de la familia de Jesucristo. En el debate sobre el tema, se refirieron a los osarios de piedra de los primeros siglos de la era cristiana y las prácticas funerarias con las cuales estaban asociados. Los osarios de Jerusalén presentan el mismo símbolo que aparece grabado en el osario de plomo de Pizarro, y las conclusiones a que se llegue, podrían ser de utilidad para nuestras investigaciones.


BIBLIOGRAFIA

BOLETIN DE LIMA (1999)  N°  115, pp.6, Lima.


GELLER NATHANSON, Barbara (1986) Decorated Jewish Ossuaries by Paul Figueras... Journal of the American Oriental Society. Vol. 106, N° 4. (Oct-Dec., 1986), pp. 836-837.


LUDEÑA, Hugo. (1991) Death and Skullduggery in Lima. An Unpublished Manuscript concerning the death of Marquis Don Francisco Pizarro. Lima  Times.  05-07-91.  Pg. 7.


PORRAS BARRENECHEA, Raúl. (1959) Cartas del Perú. Lima.


PORRAS BARRENECHEA, Raúl. (1978), Pizarro. Lima.


RAHMANI, L.Y. (1994) A Catalogue of Jewish Ossuaries in the Collections of the State of Israel. Jerusalem. The Israel Antiquities Authority. The Israel Academy of Sciences and Humanities, 307 p, y 135 páginas con láminas.


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